Cooperación Científica Suecia-Nicaragua. ¿Cómo comenzó?
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Cooperación Científica Suecia-Nicaragua. ¿Cómo comenzó?
Dr. rer.nat. Ernesto Medina Sandino
Rector
Universidad
Americana (UAM)
Managua,
Nicaragua
A finales de 1980 recibí una llamada del Ministerio de Planificación invitándome para asistir a una reunión con una delegación sueca. Con esa llamada inició una de las etapas más fascinantes de mi vida y me convertí en protagonista de uno de los episodios de solidaridad y generosidad más hermosos en la historia de Nicaragua.
Había regresado a Nicaragua a finales de mayo de 1980, después de haber concluido mis estudios de Doctorado en Ciencias Naturales en la Universidad Georg-August en Göttingen, República Federal de Alemania. Regresé cuando Nicaragua se preparaba para la ofensiva final de la Campaña Nacional de Alfabetización y me inscribí como Brigadista Popular para alfabetizar en el reparto Brisas de Acosasco, un reparto nuevo y muy pobre del sur-oeste de León. Me había reintegrado como profesor de Química Orgánica en el Departamento de Química de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) y mi sueño era contribuir con la Revolución ayudando a desarrollar la capacidad de investigación del país.
Tan pronto regresé a Nicaragua, comencé a escribir proyectos para conseguir recursos que ayudaran a recuperar la infraestructura de los laboratorios que había sido destruida en los combates contra la Guardia Nacional y en los ataques llenos de odio que Somoza ordenó contra la Universidad para destruirla. El objetivo final era poner al servicio del proceso de trasformación que vivía Nicaragua lo que había aprendido durante los casi seis años que viví y estudié en Alemania.
La investigación, aunque siempre fue considerada una de la funciones principales de la UNAN, en la práctica era una actividad casi desconocida. La falta de recursos humanos con formación científica sólida y la escasez de recursos materiales no habían permitido la conformación de grupos de investigación estables, dedicados a trabajar en proyectos de mediano y largo plazo.
Aquella llamada del Ministerio de Planificación, que estaba a cargo del Comandante Henry Ruiz “Modesto”, fue el inicio de una de las trasformaciones más importantes que ha vivido la UNAN desde la reforma promovida por el Rector Mariano Fiallos Gil.
Al llegar a la reunión, lo primero que llamó mi atención fue la figura del personaje que parecía llevar la voz cantante en la delegación sueca. Era un joven con acento argentino, pelo un poco largo, alborotado y unos anteojos con aros redondos, estilo John Lennon. Su nombre era Enrique Ganuza, con quién Nicaragua tiene una deuda impagable. Por la parte nicaragüense creo recordar a Carlos Benavente, Amelia Ibarra y Orlando Rayo.
Me explicaron que el gobierno revolucionario había presentado al gobierno sueco un proyecto para construir una planta farmacéutica a base de extractos de plantas medicinales. El proyecto había sido enviado al Profesor Finn Sandberg, de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Uppsala para que lo evaluara. El Profesor Sandberg había hecho una visita a Nicaragua en la que recorrió las universidades y centros de investigación existentes en ese entonces y su recomendación era que había que comenzar creando las bases y desarrollando las capacidades locales para la investigación de Plantas Medicinales y Productos Naturales. Los funcionarios del Ministerio de Planificación conocían uno de los proyectos que yo les había presentado y que respondía bastante bien a la propuesta del Prof. Sandberg y fue por ello que me invitaron a esa reunión. Expliqué cuál era mi idea y la situación en que se encontraban los laboratorios en la universidad. La reunión concluyó con una invitación para viajar a Suecia a entrevistarme con el Profesor Sandberg en Uppsala y para reunirme con funcionarios de SAREC en Estocolmo.
A las pocas semanas viajé s Suecia por primera vez. El profesor Sandberg resultó ser una de las personas más fascinantes y maravillosas que he conocido en mi vida; era médico y profesor de Farmacognosia en la Facultad de Farmacia de Uppsala. Muy pronto supe que era una de las personas más influyentes en el campo de la Farmacognosia, famoso por el método que había desarrollado para evaluar la actividad biológica de los extractos de plantas y por sus viajes de colecta de plantas en el continente africano. Su laboratorio en el Centro Biomédico de Uppsala era muy completo y estaba decorado con objetos traídos de las expediciones africanas. Al igual que la mayoría de los suecos educados de su generación, el Prof. Sandberg hablaba perfectamente Alemán y después de las primeras palabras de saludo decidimos usar la lengua de Goethe para comunicarnos.
Lo más impresionante de mi primera visita a Suecia fue, sin duda alguna, la visita a la casa del Prof. Sandberg, Bultarbo Gard. Está situada en una península del lago Mälaren, muy cerca del famoso castillo medieval de Skokloster, que el Prof. Sandberg identifica como el anexo de Bultarbo. Al cabo de los años y en la medida que nuestra amistad creció más allá de lo estrictamente profesional, esa casa, en medio del más puro bosque escandinavo, llegó a ser para mí casi una segunda casa, a pesar de que mis estancias no pasaban de más de un par de días.
En los lindos jardines de Bultarbo Gard, en un largo día de verano hicimos los primeros planes de lo que sería el primer proyecto científico apoyado por Suecia a través de SAREC en Nicaragua: el Proyecto de Plantas Medicinales.
El proyecto tenía como objetivo desarrollar la capacidad de investigación en el área de productos naturales con posibles usos medicinales. Esto significó trabajar en el desarrollo de los laboratorios de investigación y en la formación de especialistas en Botánica, Farmacología y Fitoquímica. Como parte del proyecto se instaló en el Campus Médico de León un planta piloto de extracción, que es todavía única en el país y a la que, desgraciadamente, se le ha sacado muy poco provecho.
El proyecto apoyó la realización de los primeros inventarios etnobotánicos hechos en el país y se concentró por varios años en el estudio de la “raicilla” (Cephaelis ipecacuanha), que era la única planta medicinal que se cultivaba en el país y que por ser nativa de los bosques húmedos de Río San Juan tenía un valor estratégico, tanto para la conservación del bosque como para el desarrollo económico de la zona. Desgraciadamente, la guerra que causó grandes daños en esa parte del país no permitió que el proyecto se consolidara. Los viajes al Río San Juan con el Prof. Sandberg, para visitar las cooperativas raicilleras de Buena Vista en las riberas del río Sábalos son parte de aquellos días inolvidables.
Aproximadamente una año después, de aquel primer contacto, Enrique Ganuza visitó la UNAN para conversar con las autoridades sobre la ampliación de la cooperación a nuevas áreas en el campo de la salud. La universidad no tenía ningún plan de desarrollo ni se había pensado en prioridades para la investigación, pero el hecho de estar totalmente identificada con el proyecto revolucionario hacía que estuviese muy cercana a los grandes problemas que la Revolución pretendía abordar. Fue así como se definieron como áreas de interés para la universidad la salud de los mineros de la Mina “El Limón” y la diarrea en niños. Fue alrededor de estos temas que se desarrollaron los dos siguientes proyectos apoyados por Suecia: El Proyecto “Abdón Vega” y el Proyecto de Etiología de la Diarrea en niños de León. El Proyecto “Abdón Vega” fue liderado por un grupo de jóvenes médicos, entonces recién graduados, que ya trabajaban con los mineros de El Limón, Rodolfo Peña y Aurora Aragón. Hoy ambos dirigen sendos centros de investigación que se encuentran entre los más sólidos del país. La contraparte de este proyecto era el Prof. Leif Svanström, un gigante de más de dos metros de altura y trescientas libras de peso, que con su tupida barba roja era la sensación de los niños de León. El proyecto de Etiología de la Diarrea fue coordinado por la inolvidable Teresita Rivera, que con sus trabajos sobre Leismaniasis y Chagas era una de las pocas investigadoras serias que había en el país. La contraparte sueca estuvo bajo la responsabilidad del Dr. Hans Hallander. Con el tiempo estos proyectos se fueron desarrollando y dieron lugar a la formación de nuevos grupos especializados en temas más específicos que surgieron de los estudios originales.
Sobre la base de la evaluación exitosa de estos primeros proyectos desarrollados en la UNAN-León se decidió más tarde ampliar la cooperación a otras universidades públicas y a nuevas áreas del conocimiento.
El proyecto de Plantas Medicinales con el tiempo también evolucionó hacia la temática más general de los Productos Naturales y se incorporó como contraparte el Dr. Peter Baeckström, del grupo del Prof. Tubjörn Norin de la Real Universidad Tecnológica de Estocolmo (KTH). Peter Baeckström es el inventor de un extraordinario método de cromatografía que fue introducido a Nicaragua gracias al proyecto. Por su laboratorio en la KTH pasaron varios profesores del Departamento de Química de la UNAM-León.
Finalmente a inicios de los años noventa, el proyecto se transformó en un proyecto que incorporaba algunos elementos de Biotecnología y Biología Molecular para responder a las nuevas tendencias del desarrollo de la Ciencia. En esta etapa, la contraparte sueca estuvo formalmente a cargo del Profesor Alf Lindberg del Departamento de Bacteriología Clínica del Instituto Karolinska en el. Hospital de Huddinge. La tutoría de los estudiantes nicaragüenses que viajaron a Huddinge a realizar sus estudios de postgrado estuvo a cargo del Dr. Andrej Weintraub.
Sirvan estas notas para agradecer a todos los colegas suecos y nicaragüenses que estuvieron involucrados en esta bella historia de hermandad y solidaridad. Aunque las personas que aquí nombró fueron y son muy especiales para mí, hay muchos otros que también lo fueron y no nombro por cuestiones de tiempo y porque la memoria me puede traicionar. Sin embargo quiero dejar testimonio de mi eterno agradecimiento a tres funcionarios de SAREC que fueron determinantes para que la Cooperación Científica entre Suecia y Nicaragua haya sido una cooperación ejemplar y casi única en la historia de la cooperación entre un país rico y desarrollado y un país empobrecido y atrasado. Desde lo más profundo de mi corazón gracias a Enrique Ganuza, Lennart Freij y Per Bolme. No sería justo si finalizó estos recuerdos sin agradecer también a dos mujeres que fueron determinantes para mantener viva la cooperación con las universidades en una época muy difícil en la que la mayoría de los donantes dejaron de apoyar a la educación superior: Berit Olsson en SAREC y Eva Zetterberg, nuestra última Embajadora de Suecia en Nicaragua.
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